Queridos amigos, os invito a transitar juntos mi blog.

Ven, vagamente,
ven, levemente,
ven solo, solemne, con las manos caídas
a tu lado, ven
y trae los montes lejanos junto a los árboles próximos,
funde en un campo tuyo todos los campos que veo,
haz de la montaña un bloque sólo de tu cuerpo...

(Fernando Pessoa)

26 agosto 2017

Rafael López de Ceráin

Me entero hoy de que el pasado día 10 de agosto falleció, demasiado joven, apenas 53 años, el poeta Rafael López de Ceráin, y me viene a la memoria con no poca tristeza aquel día de junio de hace exactamente diez años en que tuve el privilegio de presentar su antología “Seguro es el pasado”.
La desaparición de un poeta es siempre una tragedia y sin embargo demasiado a menudo pasa como el viento entre las espigas, con un rumor injustamente imperceptible. Por eso con mis palabras quiero hacer hoy de altavoz de este mundo agradecido por su obra.
Además, en estos tiempos que malvivimos en los que la dedicación a la política, a lo público, se denuesta metiendo torticeramente en el mismo cajón a corruptos confesos y a otros muchos que simplemente dedican sus horas, sus desvelos y su entusiasmo en beneficio de los demás para cambiar las cosas a mejor, merece la pena recordar también al hombre comprometido y solidario que fue Rafael. Hombre involucrado con la vida hasta las más profundas consecuencias. Quien tenga memoria de lo que era España y en especial Euskadi y Navarra hace veinte años, o quien haya leído recientemente esa espectacular novela que es “Patria” de Fernando Aramburu, podrá reconocer el coraje, la enorme dignidad humana que ha de tenerse para haber sido concejal del ayuntamiento de Pamplona en aquellos años de plomo y de dolor.
Pero honrando ahora al escritor, quien se adentre en la obra de Rafael descubrirá cómo el poeta que ya era al nacer, se fue desarrollando, creciendo hasta encontrar su máxima altura precisamente en la hora que antecede al punto de inflexión de su vida, cuando en 1999 pasó a exprimir el zumo indispensable de la existencia desde una silla de ruedas. Pero escribir para Rafael fue evidentemente una salvífica enfermedad endémica (con el oficio de las letras ocurre como con el pescado crudo japonés: sabes que pillarás el anisakis, pero no puedes aguantar la tentación y repites y repites).
En fin, la poesía de Rafael permite a sus lectores trazar el arco de ballesta de su propia existencia. Sus primeros poemas, de los libros ‘Trabajos de amor disperso’  y ‘Olvidos y presencias’ nos anunciaban ya al escritor en crecimiento sostenido:
“… tener que ser el mismo cada día
abotonar la risa, sentir el aguacero
de esta vida que –polvo y sombra- llueve
horas veloces…”

“Somos los umbrales de esas puertas
que hemos cerrado a la vida
esos caminos que no hemos recorrido
ese sí, dubitativo, a tientas…”

Pero después llegaría un libro pleno y esencial ‘Breviario de esperanza’, en el que la vida (y la muerte) atravesaron sin compasión la obra de Rafael convirtiéndolo en sí mismo. Se descorchó en aquellos versos el insomnio de Cohen, el último suspiro de Japlin hasta que dijo basta, y Rafael se puso incluso la voz de un Nexus-6 para decirnos: ‘Es la hora de partir. Así es la vida’.
Por eso tal vez Fonollosa entró en sus versos con la contundencia equívoca del que escribe ‘has malgastado tu vida apurándolo todo’, cuando sabía Rafael que es precisamente lo contrario, la vida la malgastan los que no se han atrevido a intentar habitar todos los lugares.
Toda obra de creación es un puente tendido entre el autor y los hombres, un puente que tiene la virtud de poder traspasar la barrera de la muerte, como en este momento en que Rafael no está pero siguen en nosotros sus palabras. Y como todos los puentes tienen una clave, una piedra central, ni mayor ni menor que el resto de piezas pero esencial, sin la cual todo el arco se derrumba, yo quiero traer aquí su poema “Deseo”, (uno de sus poemas titulado “Deseo”, ya que escribió varios con ese título, algo que sólo sorprendería a quien habite despreocupadamente esta apasionante tierra, sin saber que existir es esforzarse).

DESEO

‘Me has entregado la vida
la que yo quise terminar
lanzándome al vacío
golpeando llanamente
una acera fría,
un término para mis dolores,
una ciega depresión
que atajó mi pensamiento
agotando mi razón.
De tal suerte que no existe
memoria de aquellos días
soy un pasado inhóspito
una decadencia completa
un mañana sin ayer.
Mi hoy trasiega mi vida
llena las horas con pasividad
nada espera de mañana
porque el día anterior
nada luchó ni entregó sus momentos
a un ayer reprimible.
El silencio del pasado
resuena hoy, a fondo
tan solo espero vivir
lo que la muerte ha usurpado”.

Es en este instante cuando comprendemos lo que a veces ni el propio escritor alcanza a entender. Porque los escritores somos instrumentos de algo más grande que nosotros que a menudo ignoramos. Aquí, en una aparente melancolía por lo perdido:

“Esta vida se ha convertido en un vacío
lacerado mi cuerpo, mi apetito vano
inhóspitamente pasan los días
como si nada quedase por hacer.
La tristeza y el aburrimiento
inundan este ajeno paraíso…
… una maldita tarde primaveral
en la que mi vida se arruinó…”

en Rafael López de Ceráin ya afloraba sin embargo el propósito de vivir de quien se reconcilia con la existencia y la apura hasta los posos. Y a nosotros, los lectores, lo que por las noches escribía López de Ceráin, colega de insomnio, indudablemente mejoró nuestras vidas.
Sí, hace diez años escribí a Rafael: “Espera pues la muerte con la indiferencia del no saber de la fecha más que la seguridad de que habrá de llegar, pero que se llevará sólo tu carcasa, en fin, lo que no importa, quedando aquí siempre tu memoria…”.
Ahora con tristeza ya sabemos la hora de partir que para ti estaba destinada, Rafael, pero tu obra, fieramente humana, nos conforta… Sit tibi terra levis…

(fotografía de noticiasdenavarra.com)


06 junio 2017

Qué entendemos por entender la poesía


Acabo de merendarme con fruición, literalmente de una sentada, uno de los textos más lúcidos que he leído sobre el arte de la poesía. Y de la vida. Lo más sorprendente, tal vez, es que (perdón por la boutade) su autor es un extraordinario poeta, Alberto Cubero. Su libro “Qué entendemos por entender la poesía” (Escolar y mayo editores) tiene un título carveriano (Raymond) pero, mejor que eso, tiene un contenido bergeriano (John), a la altura de ese sideral vuelo de “Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”.
Por empezar por las dos principales pegas del ensayo de Cubero, aunque parezcan un oxímoron son, por un lado que es demasiado corto y uno querría devorar otras cien páginas; por otro lado que no es libro que se pueda comprar sin más uno, pues hay que hacerlo adquiriendo al menos dos bolígrafos. De tanto subrayar sus hallazgos y sabidurías consumiréis la tinta que le echéis.
Y ahora vayamos a sus aciertos: que lo son todos. Así, el libro es tan magnífico que hasta su prólogo, eso demasiado a menudo prescindible al principio de un libro, es en este caso esencial. Lo firma Antonio Méndez Rubio. Impagable.
Del texto en sí de Alberto Cubero me parecería presuntuoso decir nada pretendiendo acotar sus palabras, pues son cardinales. No sólo respecto al hecho poético sino respecto al ser enfrentado a su propia conciencia de hombre, a la psique y el uso del lenguaje, o respecto a la posición, ética o antiética, que adoptamos ante la realidad. “Un poema que se precie de serlo trata de todo y de nada. Ahonda en la condición humana, en la existencia, en su misterio, en las conexiones entre el sujeto y su interior y entre el sujeto y lo que le rodea…”, nos ilumina Alberto Cubero.
Por ello este ensayo, con mis comentarios, sólo perdería la fuerza, alcance e fluorescencia que porta en sí mismo. Baste saber que sus capítulos son, por ejemplo “La banalización de la poesía”, “El miedo y la pereza de espíritu”…
En definitiva sólo me atrevo a incitaros a leer este libro. Dejaos traspasar con sus verdades, sus dudas y certezas, permitíos acoplar sus palabras a vuestro propio andar de poetas. Si sois verdaderos poetas creceréis en vosotros mismos. Si sois aprendices, se os desvelarán los tesoros del lenguaje en verso. Pero si sois meras falsificaciones de poetas, os sentiréis en seguida señalados por la inclemente flamígera que os expulsa del inmerecido Paraíso en el que pretendéis vivir de okupas sin autenticidad.
“… Una carrera en pos de quimeras que prometen la conquista del absoluto, un intento de escape del vacío, la falacia de rellenarlo con la acumulación material… Sólo un sujeto lastrado de carencias espirituales necesita sentirse poderoso para ser ‘respetado’ y para, de esta manera, establecer un ilusorio equilibrio en su vida… Solo desde la enfermedad puedo explicarme que alguien renuncie al encuentro con los otros, con el mundo, para caminar por la tela de araña de la acumulación material… Perdido en una vida sin conexión con lo humano, un objeto más entre todos aquellos que apiló y que acabaron destruyéndolo…”.
“Cuando se afronta la escritura del poema, el poeta no sabe con certeza qué está escribiendo. Se trata de un proceso cuántico, aproximativo, de carácter, en buena medida inconsciente… El poeta es abordado… Lo inefable continúa siendo inefable y solo podemos circundar sus bordes. Se puede decir, así, que la tarea del poeta es una derrota: siempre habrá una fractura entre el pálpito, la imagen, la idea, y la palabra que intenta hacerse cargo de ellos… Lo único que podemos afirmar es que hemos escrito una de las infinitas posibilidades que nos brindaba el lenguaje…” (Lo dijo Pessoa: "Todo cuanto hacemos, en el arte o en la vida, es la copia imperfecta de lo que hemos pensado hacer... Todo esfuerzo, cualquiera que sea el fin hacia el que tienda, sufre, al manifestarse, los desvíos que la vida le impone; se convierte en otro esfuerzo, sirve a otros fines, consuma u veces exactamente lo contrario de lo que se pretendía... Lo que pensamos y sentimos es siempre una traducción").
Sigue Cubero: “… difícilmente se conseguirá que el poema logre aproximarse, siquiera mínimamente, a la cuestión de lo inefable partiendo de estructuras previas que respondan a parámetros de razonamiento. Surgirá entonces un lenguaje plano, sin violentación de la palabra, un lenguaje que no constituirá una realidad en sí mismo, sino que será representación de la realidad, de lo ya sabido, y que no abrirá nuevos paisajes emocionales…”. (“Hay escritores –dijo Cortázar- que proyectan escribir un libro y se lo cuentan a usted en detalle, en un café, todo está listo, todo planteado: cuando lo escriben, generalmente es un mal libro”). “…  La mal llamada poesía de la experiencia… habría que denominarla poesía del acontecimiento. De lo que acontece en el afuera, en eso que llamamos realidad y que no es única: hay tantas realidades como sujetos… La experiencia, como nos enseña María Zambrano, se produce en las profundidades del sujeto…”.
“Es el lector quien hace suyo el poema y no el texto el que hace suyo al lector… El poema no es lo que aparece escrito en el papel, sino el rastro que deja en nosotros. El poema es una huella. Una marca que en cada sujeto quedará impregnada de manera distinta…”, nos recuerda, certero, nuestro autor, sabedor de que la verdadera literatura exige esfuerzo al lector y que por eso, tal vez, en esta sociedad de lo inmediato y el facilismo, la poesía es algo a lo que los apresurados no  se atreven.
No os robo más tiempo para que podáis salir a buscar este indispensable texto y cincelároslo en el impulso poético cada uno de vosotros. No sin antes trascribiros la final admonición de Alberto Cubero: “No tenga miedo. Sea valiente… La poesía no es un lugar donde van a parar los cobardes… El poema es uno de los caminos más interesantes y hermosos para abordar el conocimiento de uno mismo. Del mundo. Para que aflore lo no sabido. El misterio… Lea usted poesía, déjese fluir”.


01 junio 2017

Un poeta necesario

Ernesto Heredero del Campo es un heterodoxo contemporáneo, un ser extraordinario. Tanto que si le pides su CV, pese a ser un inequívoco erudito, diplomático de carrera y magnífico poeta de honda reflexión filosófica, con su proverbial humildad e inocencia te contesta que “nació en 1977 y es un pobre hombre”. Pero con unos cuantos pobres hombres como él se crearía otro Paraíso con mayor fortuna que lo sucedido en este planeta cada vez menos azul, más amarillo de vergüenza.
También nuestro autor se autodenomina “un piernas”, pero a la manera de Oscar Wilde, estos es, sabedor de que vive en el fango, pero siempre mirando a las estrellas.
Doctorando en Wittgenstein, seguramente porque como el filósofo vienés sabe que el lenguaje desempeña una esencial función en la experiencia y se corresponde con el mundo de igual manera que una pintura o una maqueta se corresponden con el mundo que intentan representar. No es raro entonces que un cierto “misticismo casi-schopenhaueriano” se trasluzca en sus versos, iluminados por la revelación.
En fin, como es sabido, el Tractatus Logico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein sufrió un tortuoso camino, grandes dificultades para encontrar editor; la primera editorial a la que presentó su libro accedió a publicarlo sólo si él costeaba la impresión y el papel. En Ediciones Evohé, sabedores de que lo único que podemos hacer para conseguir que el talento cierto vea la luz es poner a disposición de los lectores libros como Fatiga os ofrecemos aquí la oportunidad única de convertiros en más sabios y más sensibles con los versos de Ernesto.
“Fatiga”, de Ernesto Heredero del Campo, www.goo.gl/WzvRJf
(https://www.edicionesevohe.com/products-page/el-desvan-de-las-palabras/fatiga-ernesto-heredero-del-campo).
(Selección de poemas a cargo de Marga Sánchez Arias)

II

Late mi corazón como si fuera una pieza de piano,
mis diccionarios tienen las palabras descolocadas.
Los cuerpos cuando se separan
hacen el mismo ruido que cuando se separan dos yogures.
Por mi vida desfilan ordenadamente decepciones
que van cayendo por el infinito.
Escribo desde un sótano, descalzo,
mi ángel de la guarda está en urgencias.
En el exterior, los seres humanos se comportan como insectos.
Pero, a diferencia de los insectos,
huelen a alcohol.

XI

El desorden del jardín por el que pasean
los que se han convertido en lo que no quisieron ser.
Los pájaros de ese jardín se quejan del tiempo
y duermen poco.
En ese jardín mueren los niños y nacen los ancianos.
Bajo una lluvia nocturna cuyo lenguaje todos desconocen.

XV

La noche golpea mi cristal
con el puño cerrado de sus sombras.
Yo digo que no estoy pero ella cree
que mi alma le pertenece,
y ríe desdentada y ruidosamente.
Este desierto ¿qué trajo?
Me despojo.
Demasiado no es suficiente.

XVI

Yo viviré después del dolor,
después de la frontera de la página.
Como si fuera posible un día deambular
sin el peso del dolor, y volver
a mi estatura y a mi luz.
Del naufragio me traje un tesoro dudoso
que ahora observo en silencio pensando que nadie —ni siquiera
Cristo—

admitió una derrota que no fuera a convertirse en victoria.

30 mayo 2017

Fatiga, de Ernesto Heredero del Campo

La presentación ayer de “Fatiga”, de Ernesto Heredero del Campo, fue inimaginablemente reconfortante entre tanta penuria intelectual y emocional como nos acosa. www.goo.gl/WzvRJf
Compartimos con vosotros una pequeña muestra de sus grandes poemas.
Pero antes queremos aquí agradecer expresamente las palabras introductorias de Carlos Blanco Pérez, filósofo, egiptólogo y, en definitiva, erudito en la más amplia y digna acepción de la palabra. Su intervención elevó la altura de Madrid unos buenos cientos de metros.
Después, la iluminación de las ideas de Ernesto y la certera emoción de sus poemas pusieron ese broche de oro al que tantos citan de oídas y que ayer se nos presentó de forma indiscutible.
Gracias a todos. Gracias  a ese lujo hospitalario que es el Maria Pandora. Gracias a los que queríais venir y pudisteis hacerlo. Gracias a los que no pudisteis venir pero queríais de verdad y lo intentasteis hasta el último momento. Y gracias a los que pudisteis venir y no quisisteis hacerlo, porque quien no merece la luz, viva en la sombra y con él se la quede.

I

Cuando me conociste yo era el héroe
que borracho disparaba a los concursantes de televisión con
un kalashnikov.
Después naufragué en las aguas de mi inteligencia,
un océano esquilmado y nocturno en que siempre llovía.
Ahora soy el que ha cruzado años de invierno
y camina hacia el alba tendiéndote la mano.

VIII

Me alegro seriamente
y metódicamente sufro.
Voy y vengo de parajes
donde las olas dejan carcajadas de espuma.
Me dejo hervir en sobres de ginebra caduca
junto a beatos, asnos y gorriones,
skinheads, viejas glorias del boxeo,
actores en paro y porteros alcohólicos.
La miel se derrama sobre nuestras cabezas,
el llanto de los niños asusta a las bestias
y las serpientes, sigilosas, se deslizan.
Pero yo volaré sobre esta sábana
sobre los océanos sobre los desiertos
sobre todas esas cosas perfumadas
de palabras no dichas.
y… adiós cuerpos puros.
Adiós, sílabas.

SALMO FINAL

Dios mío conozco el pecado,
conozco la herrumbre que deja entre los dedos y debajo de
la lengua.
Da Dios fe y esperanza
a esta vida destrozada de belleza quebradiza.
Dame humildad y no humillación,
da utilidad a mi dolor.
Dame carácter y ternura,
dame un beso en la frente
porque me estoy desangrando
de una sangre que no salva.
Dios dame una certeza,
un piso donde pisar
que llevo toda la vida buscando,
que no bebo más que de mi sed
y no soy más firme que el aire.
No tengo donde agarrarme todo es de fuego.
Dios dame un minuto de paz.
Hazme capaz de amar otra vez.
Protégeme de la ira de las horas,
lava la arena oscura de mis pecados.
Protégeme de mí mismo,

ayúdame a comprender.

27 febrero 2017

21 febrero 2017

Talleres de Creación Literaria de Jaime Alejandre

Taller de Iniciación: (3 meses: marzo-mayo de 2017).
Horario: los martes de 19:00 a 20:45
Lugar: Espacio para el Arte. C/Carretera de Galapagar, 27, 28250 Torrelodones (a tres minutos a pie de la estación de Cercanías de Torrelodones y del autobús interurbano de Moncloa línea 631).
Mensualidad (matrícula gratuita): 90 euros.
Metodología: Taller presencial teórico y práctico. Profesor principal Jaime Alejandre, escritor y editor.
Participantes: tanto personas que ya sean narradores o poetas como personas sin experiencia literaria previa (recomendado mayores de 16 años). Los grupos se procurará que sean de un máximo de diez participantes y un mínimo de cinco.
Inscripciones en: jaime@jaimealejandre.es o en Espacio para el Arte (Torrelodones).
Ubicación: https://www.google.es/maps/place/ESPACIO+PARA+EL+ARTE+SILVIA+ANEL/@40.5764889,-3.960146,17z/data=!3m1!4b1!4m5!3m4!1s0xd4176255bacda95:0xbc320932302e24bf!8m2!3d40.5764889!4d-3.9579573?hl=en

Taller Avanzado: (Otoño-Invierno de 2017, cinco meses, fechas por determinar).
-         Modalidades: narrativa (relato y cuento hiperbreve) y poesía.
Horario: los martes de 19:00 a 20:45.
Lugar: Espacio para el Arte. C/Carretera de Galapagar, 27, 28250 Torrelodones, Madrid.
Mensualidad (matrícula gratuita) Talleres avanzados: 100 euros
Al finalizar los Talleres Avanzados (narrativa y poesía) se propondrá a Ed. Evohé la publicación de un libro de relatos y de poemas de los alumnos de los talleres, que, en su caso, recibirán dos ejemplares gratuitos.
Otro profesorado: escritores y editores de reconocido prestigio.



Jaime Alejandre
Escritor que desde 1979 ha transitado la práctica totalidad de géneros literarios: narrativa (novela, nouvelle, cuento, cuento hiperbreve), poesía, teatro, infantil, ensayo, crítica, opinión, columna periodística, humor. También desarrolla labores como editor y como activista cultural.
Como escritor ha publicado más de una veintena de libros: las novelas “Fugu”, “Donde sea lejos”, “Hacia las sombras” y “El cumpleaños”; los libros de relatos “El Alfabeto Matemático”, “Manual de Historia Prescindible”, “Bulevares”, “El rencor”, “De entre las ruinas” y “cRuentos”; los libros de poesía “Espectador de mí”, “Palabras en desuso”, “Los Héroes Fatales”, “Autorretrato Póstumo”, “Los guerreros de terracota”, “Derrota de regreso”, “Lo que queda”, “Vértigo Cotidiano (1979-1981)” “… y más allá de mi vida” y “Los versos del Capitán Jaime Alejandre (Antología)”; las obras de teatro “Patera-Tierra” y “Casa con jardín”; el libro infantil “Owané (la niña que cruzó el río)”; y los calambures “Diccionario de NeoloQuismos”.
Ha sido traducido al árabe y al alemán y publicada parte de su obra en Braille y en audiolibros. Algunos de sus poemas han sido interpretados en Lengua de Signos Española. Ha prologado una cincuentena de importantes obras literarias contemporáneas y fue fundador del Centro Español del PEN Club Internacional, habiendo representado a España en el 69 Congreso Mundial de Escritores, México 2003. Ha publicado diversos textos bajo los siguientes heterónimos: Jaime Reis, Rosario Alejo, Jaime Azcona, Jiménez de Jamuz, Guinnevere A. Nash, Stella Petroni…
Como editor es socio de ediciones Evohé, dirige la colección de poesía Hazversidades poéticas, y codirige la de libros de viaje El Periscopio, la de literatura heterodoxa Intravagantes, y la de  grandes autores universales Ultravagantes.
Sus columnas periodísticas han aparecido en Diario16 y su suplemento ‘Mestizaje’, así como en la prensa escrita del Grupo Promecal (Diario de Burgos, Diario de Ávila, Diario Palentino, El Adelantado de Segovia, el Día de Valladolid y Diario de Soria). También publicó en el Centro de Colaboraciones Solidarias (publicaciones en Estados Unidos de Norteamérica y diversos países de Iberoamérica).
Como editor literario cabe destacar que ha recopilado por primera vez tanto la obra integral de viajes de Benito Pérez Galdós en “Viajes de un desmemoriado”, como las crónicas de la I Guerra Mundial de Ramón del Valle-Inclán en “Visión estelar de un momento de guerra: Verdún 1916”. Asimismo ha editado por primera vez en español la obra maestra de Tristan Derème "El pequeño Pataxú" (1929), obra que inspiró "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry.
Es asiduo conferenciante habiendo dictado varios centenares de conferencias de diversa temática: literaria, histórica, política, técnica, social…
Como viajero ha recorrido un centenar de países en cuatro de los cinco continentes. Entre sus viajes destacan: Angola, Namibia (primer español que entró en Namibia como país independiente por su frontera norte, haciéndolo a pie), Botswana, Zimbabwe, Suráfrica, Senegal, Costa de Marfil, Guinea Ecuatorial, Malí (recorrió la curva del río Níger desde Bamako a Tombuctú en solitario a pie y en pinaza [canoa]), Kenia, Túnez, Marruecos, Egipto, Etiopía, Tanzania (ascendió al Kilimanjaro, cumbre más alta de África), Burkina Faso, Jordania, Omán (cruzó en dromedario con un solo beduino de guía el desierto Rablat al Wahiba), Siria, Sri Lanka, Islas Maldivas, India, Nepal, China, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, Perú, República Dominicana, Chile, Brasil, Bolivia, Colombia, Argentina, Uruguay, Ecuador, Paraguay, Alaska, California, Canadá, Rusia, Unión Europea, Andorra, Suiza, Serbia, Chipre del Norte…
Ha practicado paracaidismo, alpinismo y submarinismo. En la actualidad compite en carreras de montaña y ultrafondo.
En el ámbito laboral ha trabajado en medio ambiente y desarrollo sostenible, derechos humanos de las personas con capacidades diferentes, y foros de paz y desarme, en España, Angola, Países Bajos y Dinamarca. Trabajó para Naciones Unidas en la misión Unavem-II (Lubango, Angola). Es socio de WWF y de la Fundación Energías Renovables.
Es Diplomado en Altos Estudios Internacionales por la Sociedad de Estudios Internacionales y Experto en Defensa Nacional por la Universidad Rey Juan Carlos. Es Profesor del Máster in International Relations de la Universidad Alfonso X “El Sabio” & BERG Institute, del Máster de Acción Solidaria Internacional de la Universidad Carlos III, y de  la Sociedad de Estudios Internacionales.
Habla español, inglés, portugués y francés y tiene nociones de árabe y de lengua de signos española.
Está en posesión de la Medalla de la Paz de Naciones Unidas y de la Cruz de la Orden del Mérito Militar con carácter extraordinario.
Publicaciones literarias.
 Libros de narrativa
  • ‘Fugu’ (novela), Ediciones Libertarias, Madrid, 1994. ISBN 978-84-7683-318-6
  • ‘Bulevares’ (cuento), Fundación el Monte, Sevilla, mayo 1997. ISBN 978-84-89777-07-1
  • ‘Manual de Historia Prescindible’ (cuento breve), Ed. Huerga & Fierro, Madrid, mayo 1997. ISBN 978-84-89858-05-3
  • 'El Alfabeto Matemático' (cuento), Sial 2000. ISBN 978-84-95498-23-6
  • 'Donde sea Lejos' (novela), Ed. Huerga & Fierro, Madrid, mayo 2003. ISBN 978-84-8374-401-7
  • ‘De entre las ruinas’ (relato y poesía), Ed Sial, 2007, ISBN 978-84-96464-53-7
  • ‘El rencor’ (cuento), Ediciones Amargord, 2007, ISBN 978-84-87302-44-0
  • ‘Hacia las sombras’ (novela), Ed. Sial, 2009, ISBN 978-84-95140-77-7
  • ‘Owané (la niña que cruzó el río)’ (infantil), Eugenio Cano Editores, 2010, ISBN 978-84-936709-5-5
  • ‘cRuentos’, (cuento breve), La espada en el ágata, Ed. Polibea, 2015, ISBN 978-84-86701-88-8
  • ‘El cumpleaños’, Ed. Evohé-Intravagantes, 2015, ISBN 978-84-15415-77-0
 Libros de poesía
  • ‘Espectador de mí’, obra cultural de la Caja de Ahorros de Palencia, 1987. DL P-270-1987
  • 'Los Héroes Fatales', Libros de Letras, 1998.
  • ‘Palabras en Desuso’, Ed. Huerga & Fierro, Madrid, abril 1998. ISBN 978-84-89858-96-1
  • 'Autorretrato Póstumo', Sial 2001. ISBN 978-84-95498-36-6
  • ‘Los guerreros de terracota’, Ediciones Smara, 2004. ISBN 978-84-933429-2-0
  • ‘Derrota de regreso’, Ed. Huerga & Fierro, 2005. ISBN 978-84-8374-529-8
  • ‘De entre las ruinas’ (poesía y relato), Ed Sial, 2007, ISBN 978-84-96464-53-7
  • ‘Lo que queda’, Colección Signos, Ed. Huerga & Fierro, 2012, ISBN 978-84-8374-274-7
  • ‘Vértigo cotidiano 1979-1981’, El Levitador, Ed. Polibea, 2013, ISBN 978-84-86701-67-3
  • ‘Diccionario de Neoloquismos’, Huerga&Fierro editores, 2015, ISBN 978-84-944120-4-2
  • “… y más allá de mi vida”, Editorial Cuadernos del Laberinto, 2016, ISBN 978-84-944752-8-3
 Obras de teatro
  • Patera-Tierra’ (teatro), Ed DosSoles, 2007, ISBN 978-84-96606-25-8.
  • ‘Casa con Jardín’ (teatro), Ed DosSoles, 2007, ISBN 978-84-96606-25-8.
 Premios literarios
·         Premio Guadalajara de poesía 2010.
·         Finalista seleccionado del Premio Nadal  de novela 2008.
·         Accésit Premio Internacional Laureá Mela 2003 de poesía.
·         Premio Internacional de Narrativa de la Sociedad Internacional de Amigos de la Literatura, 2000.
·         Premio Internacional de Poesía (accésit) de la Sociedad Internacional de Amigos de la Literatura, 2000.
·         Premio de Narración corta Ariadna 2000.
·         Accésit del IV Premio ‘Alberto Lista’ de Narraciones Breves, Sevilla, 1996.
·         Ayuda a la Creación Literaria (novela) 1988 del Ministerio de Cultura.
·         Premio extraordinario en el Concurso Internacional de Poesía ‘Jorge Manrique’ 1986.
·         Accésit en los Premios de Poesía ‘Juan Ramón Jiménez’, Madrid, 1981 y Editorial Vox, 1981.
Enlaces del autor

12 febrero 2017

Pataxú, la inspiración de El Principito


 Ediciones Evohé presenta un libro delicioso: El pequeño Pataxú.
Se trata de la primera edición habida en castellano del libro Patachou, petit garçon del escritor francés Tristán Derème, publicado en 1929.
Portal para su adquisición:
Tristan Derème, seudónimo del narrador y poeta francés Philippe Huc (1889-1941), quien también utilizó los nombres de Théodore Decalandre y de Philippe Raubert, fue autor de una importante obra poética y en prosa (novela y artículo periodístico) de lo intimista, lo sencillo y lo cotidiano. En 1938 recibió el Gran Premio de Literatura de la Academia Francesa.
Fue fundador, junto a poetas como Francis Carco, de la L’École fantaisiste (Escuela Imaginativa, en la línea de la “Alta Imaginación” representada en España por autores como Rafael Pérez Estrada, 1934-2000), movimiento renovador de la poesía francesa de principios de siglo XX en contraposición a la figura de Stéphane Mallarmé y los simbolistas. Su repercusión fue limitada en el tiempo por el estallido de la I Guerra Mundial y la subsiguiente deriva desde la fantasía al realismo.
Según Michel Cointat, la estética de Derème se resume con las palabras: elegancia, simplicidad y amor a la naturaleza, así como por un característico uso del humor.
El motivo de publicar ahora este libro suyo es doble. Por un lado estamos ante un texto de una belleza espectacular por sí mismo.
El impacto que causó en su momento este libro no fue menor. Ya en la hora de su publicación tuvo enorme repercusión. Fue terminado de escribir el 17 de marzo de 1929 y se publicó inmediatamente, en Edition Émile-Paul Fréres. Como jamás ha sido editado en España hasta ésta nuestra publicación, el original sobre el que Carmen Álvarez Hernández ha realizado una inigualable traducción, lo conseguimos gracias al mercado global de libros de segunda mano. El ejemplar recibido era del mismo año de su presentación, 1929, pero ya señala la cubierta que se trata de ¡la vigésimo octava edición! (Como sorpresa adicional para nosotros, el ejemplar que adquirimos llevaba una dedicatoria autógrafa del autor a “Mademoiselle Yvonne V*** et qu’elle fasse bon accueil a Patachou, en respectueux hommage, Tristan Derème”).
Pero además de la importancia y belleza de la novela de Derème por sí misma, queremos traer a colación aquí el hecho de que diversos estudiosos consideran que esta novela fue la inspiración directa de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry (el libro más traducido de la historia tras la Biblia, desde su publicación en 1943).
Este descubrimiento nos ha supuesto uno de los más bellos momentos de nuestra editorial. Y queremos colocar en resonancia perfecta uno y otro libro, ambos obras excepcionales de la literatura universal, que se engrandecen el uno al otro.
No obstante, no se trata del único texto que pudiera haber influido a Exupèry. Pero sí que creemos que es el definitivo.
También inspiraron a Exupèry ciertos acontecimientos autobiográficas que en el relato son innumerables, como es sabido: el accidente del aviador en el desierto de Libia; los baobabs de sus escalas en Senegal; su amigo de doce años, Pierre Sudreau que siempre llevaba bufanda y al que llamaba “le petit Pierre”; o los volcanes de la tierra natal de su esposa Consuelo Suncín (viuda del escritor Enrique Gómez Carrillo de quien, por cierto, Ediciones Evohé publicó en la colección “El Periscopio” su libro Tierras mártires, 2015).
Pero las otras fuentes literarias de El Principito, además de la novela de Derème,  también son numerosas. Destacan los cuentos de su infancia, entre los que el propio autor señalaría los «de hadas de Hans Christian Andersen»; obras como El farolero de Marie Cummins (1854); País de 36.000 voluntades de André Maurois (1929); o El hombre de la Pampa de Jules Superville (1923) (libro escrito originalmente en francés pese a ser uruguayo su autor y que se abre con esta frase: «Ensueño y realidad, farsa, angustia, he escrito esta pequeña novela para el niño que fui y que me pide historias…». Aunque a nosotros, fuera de esta referencia concreta se nos hace más difícil encontrar relaciones influyentes directas con la obra de Exupéry).
También creemos que Mary Poppins influyó al autor. No en vano, Eugene Reynal, editor de la novela de Pamela Travers, fue impulso fundamental para que Exupéry escribiera su cuento (única obra de Exupèry escrita por encargo, en concreto como un cuento de Navidad), y después fue el primero en publicarlo.
Pero, a nuestro parecer y, por supuesto, el del profesor Denis Boissier, que mostró numerosas referencias cruzadas: la rosa, las estrellas, la boa, el zorro, el cordero…:
el relato que abunda en referencias y textos que muy razonablemente habrían iluminado, siempre para bien, a Saint-Exupéry y su Principito sería Patachou, petit garçon de Tristan Derème. Novela que relata las aventuras de la imaginación de un niño también de seis años, juguetón y curioso, especial y soñador. “Hábil en las fantasías, me recuerdas un niño que fui, en otro tiempo…”, dice el narrador de él, igual que Exupèry de su Principito.
Aunque historiadoras como Annie Renonciat niegan la deuda directa de la obra con Patachou, vinculando El Principito a la tendencia propia de la época, de busca de la simplicidad y la claridad. Algo que a nosotros nos parece improbable teniendo en cuenta que esa “tendencia” bien pudo ser la previa a la Gran Guerra en los movimientos contrapuestos al simbolismo francés, o la de los alegres años 20’, pero no, definitivamente, la del momento en que Saint-Exupéry comienza a escribir su obra universal, en plena II Guerra Mundial (inicios del verano de 1942).
Así, con esta edición lo que pretendemos es reivindicar un texto admirable, injustamente olvidado, y de paso incitar a todos a leer (o releer) El Principito con una nueva óptica.
En todo caso, nada disminuye para nosotros la valía de la obra del aviador francés el hecho de que pudiera estar influida o inspirada en la deliciosa historia Patachou de Derème. Como afirma certeramente Denis Boissier «…decir que Saint Exupéry plagió Pataxú es exagerado. Pretender que solamente se inspiró, es decir demasiado. En el primer caso, se insulta la memoria de Saint-Exupéry. En el segundo, no se hace justicia a Tristan Derème».
Las influencias literarias en la historia de la literatura universal muy a menudo no restan sino que complementan a las autobiográficas y viceversa. Del mimso modo aquí. El zorro es claro que evoca al fénec que domesticó Saint-Exupèry cuando estaba destinado en Cabo Juby (1927); pero tal vez fuera en el recuerdo de Patachou cuando lo imaginó como personaje. “¿Querrás enseñarme a domesticarlos?”, dice Patachou de los pájaros de los plataneros… “Haces avergonzar a los zorros”… cita más adelante. Y también encuentra un pozo imposible:
¡Un pozo, hay un pozo al final del jardín! Es la sorpresa. Pataxú se precipita…
… ¡Horror! Es un falso pozo. Es un mísero cilindro de cemento, instalado sobre el suelo, y coronado de un doble arabesco de hierro, cuya cima deja caer inocentemente una cadena demasiado corta y la vanidad de un cubo…
… Hemos colocado una tapa de madera sobre el pozo. ¿Qué ocurre bajo esa tapadera? Ya no lo sabemos muy bien. Basta con estar alejado de las cosas o no verlas más para imaginar libre y felizmente sobre ellas y atribuirles todos los misterios…
Así, avanzando por la extraordinaria narración de Derème, sentimos a Patachou como un hermano primogénito de El Principito al que éste, como todo hermano menor, emula. De este modo, como ya hemos apuntado más arriba, varios símbolos de uno aparecen en el otro.
Como el bozal que la tía Matilde pone a la cabrita con la que viajan en tren; o elefantes, boas y baobabs:
… centenas de elefantes que barritaban mientras afilaban sus impresionantes defensas contra los baobabs de tus ensueños…
… ¿Ignoras que su trompa es tan terrible como una boa, y que una boa puede asfixiar un buey? Los elefantes son enormes animales que tienen una boa en la punta de la nariz:
“Mon dessin ne représentait pas un chapeau. Il représentait un serpent boa qui digérait un éléphant”, El Principito. (“Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante”).
Las montañas en las que el eco responde al Principito: “Estoy solo… estoy solo… estoy solo...”, evocan a Pataxú:
Lo esencial, ¿no es que él sea feliz, y que usted sea feliz como él? Y se puede ser muy feliz sin vivir en la gloria y sin ir a sentarse, al revuelo de ovaciones, a la cima del Himalaya. Piense que hace mucho frío en la cima de las montañas; se resfría uno fácilmente. Es un lugar peligroso y se está un poco solo…
La caja en la que podemos reconocer al único cordero que será por siempre el nuestro, o donde retendremos a nuestra estrella:
La otra noche, me pidió una estrella. Le dije que, quizá, con una red de mariposas que tuviera un largo mango... Vamos, que le prometí que atraparía una estrella y que la colocaría sobre la esquina de su almohada. Diez minutos después, dormía dulcemente. Pero al despertar:
¡La estrella! —gritaba— ¿Dónde está la estrella?
¿No ves que es de día? Se volvió a marchar. Tenías que levantarte más temprano. Ella estaba ahí, cerca de tu mejilla. Hubieras podido cogerla con tu mano.
Él me respondió:
La próxima vez, la pondrás en una cajita. Ya no podrá irse.
De nuevo he hecho lo que él quería. Tenemos una pequeña cajita.
 —No la abras —le digo—. La estrella se escapará.
Él gira la caja y la vuelva a girar:
¡No pesa mucho, tu estrella!
Pero está muy orgulloso de su tesoro. En secreto, le ha dicho a la vieja cocinera:
¡Chis! Tengo una estrella
¡Guárdala bien!...

Ovejas, sombreros, y la reivindicación de que el entendimiento de las gentes menudas es más profundo que el de los mayores:
Qué sería de mí si no tuviera a Pataxú, si no pudiera a todas horas oír sus silogismos, y si no me demostrara, cuando él gustase, la inutilidad de los sombreros. Es un peligroso sofista que le demostraría muy fácilmente, si se le antojara, que los niños pequeños conocen los secretos del universo mucho mejor de lo que pueden hacerlo los mayores. Pero el próximo verano, si hace mucho sol, me preguntará por qué las ovejas no tienen sombrillas…

También la máquina voladora a modo de cometa tirada por pájaros silvestres con que el Principito vaga entre los asteroides (cuya inspiración gráfica pudiera estar en The Man in The Moone, Londres, 1638, de Francis Godwin. Véase la imagen en http://www.lindahall.org/francis-godwin/):
… yo no te aconsejo cabalgar una nube; pasarías a través de ella.
Pero si pusieras un mango más grande a mi red de mariposas, y si atrapara una nube, quizá ella me llevaría… Cuando sea mayor, tendré una bella caballeriza, llena de nubes; tendrán cada una un nombre y una caseta; y cuando quiera pasearme en el aire, ¡engancharé dos o tres a mi carro volante!
¡Qué crío! Vaya a hablarle pues de prudencia. Repítale que simplemente solo hay que tratar de estar contentos, sin soñar que en otro lugar haya más felicidad: le responde enganchando nubes; y luego ríe, balanceando sus pies desnudos…

Ahora bien, el viejo tío de Patachou, quien nos narra sus peripecias, parece dirigirse al propio niño, mientras que Saint-Exupéry se diría que le habla a todos cuantos le leen. Pero de igual manera vemos a menudo reminiscencias del tono del tío de Patachou en las palabras de nuestro aviador a la espera de la amabilidad de alguien que le informe de que el Principito ha vuelto:
¡Cuántos hombres se parecen a Pataxú! En el fondo, quizá los hombres no sean más que niños cuyo candor está un poco marchitado.
Todo está en Pataxú: el sol, las estrellas y la misma luna. Todo le corteja. Habíamos viajado todo un día para venir a Passy. Habíamos atravesado Francia. Al anochecer, Pataxú, la nariz en el cristal del vagón, suelta un gran grito:
¡La luna!
Sí, es la luna.
Me ha seguido…

Finalmente, al margen de símbolos concretos, también las reflexiones del narrador o del propio niño nos evocan al Principito. Por ejemplo aquellas sobre rosas y estrellas “Una rosa marchita, una estrella apagada, ¿no es lo mismo?...”; o ésta sobre los pájaros:
… es así cómo podía darnos el sabio consejo de recolectar los días; es decir, de coger, de la rama, las rosas y las naranjas en el momento en que están a nuestro alcance. Pero es algo, me temo, que nosotros jamás sabremos hacer. Nosotros siempre estamos esperando, y mientras tenemos ante nosotros una pequeña alegría permitida, miramos al aire, pensando en los bellos pájaros de ayer, que ya han levantado el vuelo. Cuando bajamos la mirada para volver a las cosas reales, la dicha sencilla, que nos esperaba sin embargo con paciencia, también ha echado a volar. Ese será nuestro arrepentimiento de mañana. Y le pregunto, ¿acaso nuestro arrepentimiento de hoy nos ha hecho alcanzar los pájaros de ayer?...

También el inquietante concepto del regreso de viajes tanto reales como ficticios:
… querría tener alas.
¿Para hacer el qué?
Para ir a otro lugar.
Y, ¿cuándo estés en otro lugar?
Regresaré.
Entonces no merece la pena moverse. Tú estás aquí, sentado a mi lado; solo tienes que suponer que has hecho un gran viaje…
Y qué decir del hecho de ver lo esencial con más clarividencia con los ojos cerrados:
¿Por qué los hombres no caminan hacia atrás?
No lo sé, Pataxú. Es, tal vez, porque no tienen ojos detrás de la cabeza. Siempre quieren ver dónde van. ¿Siempre…? Se podría reflexionar sobre eso. Sé de muchos que, en la vida, cierran los ojos. Se abandonan a las bellas esperanzas, y para estar más seguros de que el destino no contradice sus sueños, solo se miran a sí mismos, donde están todas sus quimeras…

En definitiva, queremos compartir con todos vosotros este libro de Tristan Derème, una de las más reconfortantes narraciones que hemos leído, cargada de inocencia, de significados (una gallina que se llama Clitemnestra, acaso hermana de Cástor, convertido aquí en perro de la familia; el gato Clodomiro, rebosante de filosofía, que no conoce el resentimiento; la tortuga Ulises, como el intrépido guerrero y navegante, que también se replegaba sobre sí mismo para volverse más fuerte…), de alegría, y de profundas reflexiones vitales. Todo ello hoy tan necesario en un mundo que tal vez se va deshaciendo de sus referentes éticos en un viaje “directo a bandazos” hacia el caos. Como diría con fina ironía Patachou: “voy derecho como una zeta a la inmortalidad”.
Finalmente, con este extraordinario libro que aquí glosamos, Ediciones Evohé presenta el lanzamiento de su nueva colección: “Ultravagantes”, dedicada a autores que ya hace años se marcharon a escribir a los Campos Elíseos, el Nirvana, los Campos de Aaru, el Jardín del Edén, el Valhala, la Yanna…
Recuperar aquí textos tal vez desconocidos junto a otros famosos (como nuestra próxima publicación, que será La lámpara maravillosa de Ramón María del Valle-Inclán acompañada de un pormenorizado estudio de Juan José Martín Ramos, titulado Poética de una matemática celeste) se convertirá para nosotros en una empresa de infatigable entusiasmo que haga más ciertas aún las palabras del tío de Patachou “los hombres viven así, por lo general, con una vana pero agradable esperanza”.
Os recomendamos vivamente compartir con nosotros el extraordinario goce de leer las historias del pequeño Patachou. Dice Derème en su novela que en una cuba, o bajo el hocico de una cabrita, uno puede llegar a descubrir la imagen de los recuerdos que se querrían olvidar. Pero que a veces, aunque uno pueda tratar de bebérselos, permanecerán en el fondo de la cuba, precisamente los más amargos.
Muy al contrario, tras leer este indispensable libro, en el fondo de la cuba de vuestros corazones quedarán unos recuerdos que desearéis no olvidar jamás. Precisamente los más dulces.
Jaime Alejandre, editor


“… Pataxú no se inmuta; pone su gesto más serio:
No puedes estar más en lo cierto: hecho.
¿Cómo?
Sí, he hecho un gran viaje.
¿Y eso cuándo, caballero? No nos hemos enterado.
La otra noche.
Y, ¿dónde has ido? ¿Qué has visto?
Me fui de puntillas cuando creí que dormías. Había un gran claro de luna. Atravesé el prado. Todos los pequeños champiñones blancos, que tienen la parte de abajo rosa, danzaban sobre un pie.
¿Danzaban?
Sí. Durante el día tienen miedo de que los cojas; se hacen muy pequeñitos, no se mueven. Pero cuando estás dormido, todos bailan y saltan por encima de las luciérnagas…
Y luego,  ¿dónde fuiste?
¿Luego…? ¡Oh! Sabes, aún soy muy pequeño. Así que no puedo mentir durante mucho tiempo.
¿Cómo? ¿Mientes?
¡Oh! Ya no miento, puesto que digo que mentía… Pero, ¿por qué dices que los viajes son inútiles porque luego se vuelve a casa? Es muy necesario volver a contárselos a alguien.
Es, en efecto, el mayor disfrute de los viajes.
Las avutardas y las torcaces continúan pasando por encima de las colinas.
¿Qué haces, Pataxú…?
Sacude los pequeños plataneros y mira los pájaros gritando: «¡Inútil!».
No ves que —me responde Pataxú—muevo los plataneros para que los pájaros los vean bien. Van a creer que están en África, y les digo que es muy inútil ir más lejos ya que deben volver a pasar por aquí en primavera. Si lo consigo, se posarán en el prado y podremos retenerlos todo el invierno. ¿Querrás enseñarme a domesticarlos?
¡Agitemos los plataneros para hacer descender a los pájaros hermosos! Los hombres, Pataxú, no hacen otra cosa; pero los sueños alados continúan deslizándose en el firmamento, sin oír nuestros deseos ni saber de nuestras lágrimas…”.


(Fragmento de El pequeño Pataxú, Ed. Evohé, Colección Ultravagantes, 2017).

(Diseño de la Colección Ultravagantes: Juan Pedro de Gaspar)
(Diseño de la portada y autora de la ilustración: Sandra Delgado)